sábado, 25 de mayo de 2013

Siglos XIII al XV - Gertrudis de Helfta

Breve Biografía de Gertrudis de Helfta

Gertrudis de Helfta nació en 1256 (Siglo XIII). Monja cistercience, escritora, teóloga y mística alemana. 

Tenía Gertrudis cinco años cuando llegó al monasterio de Helfta, aunque no se sabe su lugar de nacimiento ni porqué estaba allí; ¿era fruto de amores ilegítimos, cuyos padres no deseaban poner su honra en entredicho?; ¿pertenecía a una familia pobre que la había dejado en el convento para asegurar su supervivencia, o simplemente fue abandonada en la puerta de ese lugar sagrado?. Muchas de las monjas que estaban allí, habían entrado siendo niñas, - ya que sus familias, pertenecientes a la nobleza, así lo habían dispuesto - pero mantenían contacto con sus familiares por medio de cartas y visitas. 

Gertrudis fue acogida con cariño en 1261, por la abadesa Gertrudis de Hackeborn y su hermana Matilde de Hackeborn que era maestra y responsable de la educación de las niñas y novicias. La abadesa Gertrudis de Hackeborn impulsó, durante los cuarenta años que estuvo al frente del monasterio de Helfta, una gran actividad cultural, artística y principalmente una gran formación teológica, formando “la escuela de Helfta”.

Gertrudis creció en el convento primero como novicia y a los dieciseis años tomó los hábitos como monja. Matilde de Hackeborn además de maestra fue su más íntima amiga tanto humana como espiritualmente. Gertrudis era muy inteligente y de gran imaginación, siendo una estudiante extraordinaria; poseía grandes dotes intelectuales: literatura, filosofía, música y muy buena miniaturista. Cumplía, como todas las monjas, con las labores agrícolas, trabajaba además copiando manuscritos. 

De carácter fuerte e impulsivo, tuvo un período de crisis interior, de no sentirse “plena” en la vida del convento, le angustiaba el sentimiento de orfandad, de no saber nada de su infancia; pedía con humildad consejo y oraba con devoción por su conversión. En 1281, Gertrudis a los 25 años, tuvo su primera experiencia mística con la visión de Jesús, por lo que su vida espiritual cambió. Dejó los estudios clásicos y se centró en las Sagradas Escrituras, convirtiéndose en una teóloga con la lectura incansable de todos los textos de libros sagrados. Empezó una vida de oración y contemplación, y con mucha espiritualidad, escribía tanto en latín como en alemán, todo lo que recibía en éxtasis.

En los primeros años de la década de 1280 murió Matilde de Magdeburgo, beguina y mística que estuvo diez años viviendo en el convento y en 1291 murió la abadesa Gertrudis de Hackeborn dejando un gran vacío en toda la comunidad. Luego de su conversión Gertrudis comenzó a sufrir enfermedades durante toda su vida, lo que muchas veces le impidieron participar en la liturgia y en la Eucaristía. Vivió con dolor sus estigmas íntimos, acompañando a Matilde de Hackeborn, también muy enferma y recogiendo las revelaciones de su querida maestra que murió en 1299.

Influenciada por la espiritualidad de ésta, Gertrudis fue muy devota del Sagrado Corazón y de la santísima Virgen María: se dedicó a escribir y divulgar con sencillez y persuasión las verdades de la fe, su amor al Señor. En sus escritos se mezclaban sus reflexiones teológicas y las experiencias místicas. Ejerció una gran influencia en su época ya que su camino de perfección atraía a muchas personas para pedirle consuelo y era un punto de apoyo para los teólogos y las personas piadosas. Luego de la muerte de su amiga Matilde su salud se agravó y el deseo de la muerte apareció con frecuencia en sus escritos. 

Santa Gertrudis de Helfta, también llamada Gertrudis la Grande o la Magna por su gran cultura, recibió poco antes de morir el regalo de la herida, las llagas de amor en el corazón. Tras su muerte, ocurrida en 1301 o 1302 sus amigas, monjas confidentes, terminaron de redactar sus notas, y por más de dos siglos sus escritos quedaron desconocidos para el pueblo cristiano.

En la primera mitad del siglo XVI (1536) las obras de Gertrudis: “Justificación por la Gracia”, “El Heraldo de la Divina Piedad”, y la más famosa, “Revelaciones”, aparecieron en versión latina (las obras que estaban escritas en alemán se perdieron en el saqueo al monasterio en 1284), y fueron muy pronto divulgadas en lenguas vernáculas: francés, inglés, italiano y alemán.

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