miércoles, 16 de enero de 2019

Siglo XVII - Josefa de Óbidos

                    Breve Biografía de Josefa de Óbidos

Josefa de Ayala Figueira, apodada Josefa de Óbidos, por la localidad lusa en la que vivió, nació en Sevilla en 1630. Destacada pintora del barroco portugués del siglo XVII. 

Casamiento místico de Sta. Catalina
Su padre Baltazar Gomes Figueira (1604-1674), natural de Óbidos, en 1626 se trasladó a Sevilla para seguir la carrera militar, sin embargo recibió una esmerada educación artística en el taller de Francisco Herrera, el Viejo. Desde 1580 Portugal pertenecía a la Península Ibérica hasta su independencia en 1640. Al final de 1629 Baltasar se casó con la sevillana Catalina de Ayala Camacho y tuvieron siete hijos, siendo la mayor Josefa. 

Baltazar se convirtió en un excelente pintor profesional, especialista en pintura de naturalezas muertas, retratos y bodegones. En 1634 regresó a Óbidos con su mujer y una pequeña hija, nacida en 1632, y donde se dedicó a pintar en iglesias y en la ciudad universitaria. En esta ciudad nacerían sus otros cinco hijos; Josefa permaneció varios años en Sevilla junto a su padrino y maestro Francisco Herrera, el Viejo, donde fue desarrollando sus dotes pictóricas de manera autodidacta.

A los catorce años Josefa se instaló en Óbidos junto a sus padres; dos años más tarde ingresó en el convento de Santa Ana de Coimbra, donde recibió enseñanzas religiosas y los primeros conocimientos artísticos. Ya en sus primeras obras: los grabados de "Santa Catalina" y de "San José", de 1646 destacó como una artista de gran talento. Josefa no siguió la vida religiosa, aunque quedó extasiada con los textos de Santa Teresa de Ávila (1515-1582). 

En 1653 abandonó el convento y regresó a la casa paterna. No tuvo contacto directo con la pintura española del Siglo de Oro, aunque su padre tenía grandes colecciones de cuadros de maestros andaluces. Ella conoció su siglo sin salir de Óbidos, era una gran pintora espontánea, su estilo Barroco era alegre y colorido y con mucha libertad. La artista usó varios tipos de soportes, como pintura en madera, o en pequeños formatos de cobre y trabajó además, la técnica del grabado. En sus visitas al convento por motivos profesionales, animaba a las monjas a que, sin olvidar el rezo, trabajaran las manualidades y la pastelería para que consiguieran autonomía económica y no dependieran de la superioridad eclesiástica.

Josefa predicaba con el ejemplo, dedicó toda su vida a la pintura en una sociedad considerada machista: las mujeres dependían del permiso de un hombre para hacer negocios. En 1661, Baltazar Gomes firmaba un papel a su hija como “mujer emancipada”, lo que le permitía cobrar por sus trabajos. A la muerte de su padre, en 1674, ya una pintora y grabadora consagrada, abrió su propio taller, donde además de pintar, enseñaba; abandonó las miniaturas y se atrevió con los retablos religiosos con adornos florales, encargos de conventos e iglesias, cuadros de flores y naturalezas muertas, bodegones, retratos, entre ellos los de la familia real por los que se hizo muy famosa. 

Niño Jesús
Ha dejado más de cien obras, entre las que se destacan: ”El casamiento Místico de Santa Catalina”, “San Francisco y Santa Clara adorando al Niño” y las imágenes del “Menino Jesús”.

Josefa de Óbidos falleció rica, en 1684, con apenas 54 años, siendo enterrada bajo el altar de Nuestra Señora del Rosario de la Iglesia de San Pedro de Óbidos, dejando sus bienes a sus dos sobrinas y a las que pidió en su testamento que siempre fueran vinculados a un linaje femenino.

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